Me fue dado un verso

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Me fue dado un verso,
un verso de ti.
De esos que permanecen desnudos
pues no hayas palabras
con qué revestir.
Crudo impulso en el alma;
muda sensación.

Quedé paralizado intentando comprender. Llegué a la conclusión de que tales expresiones no son para el (deleite del) poeta, sino (posiblemente) para cierto determinado lector. Así que, dibujé entre palabras lo que pude. Inventé una que otra letra haciendo una combinación de las ya conocidas, y aunque el resultado permanecía fuera de mi (absoluta) comprensión, pude sentir que aquel mismo impulso estaba desbordado sobre el papel. Me deshice de aquel verso como pude, espero le halles algún sentido.

su gran tesoro

Algunos minutos después de haber ganado un poco más de lo que había traído consigo, y cuando el hombre ya estaba por irse, llegó un tipo, puso unos cuantos dólares sobre la mesa y apuntó al uno y al otro, como quien no quiere la cosa… Después de un rato salió el tipo con un saco lleno. El hombre indagó sobre su paradero, y fue a darse la vuelta por su casa. Lo vio por el patio, estaba tirando las últimas paladas de tierra sobre aquel espacio de terreno; supuso que había enterrado el dinero que acababa de ganar. Esperó hasta que cayera la noche. Cuando todo parecía estar en calma, el hombre escaló el muro a ciegas y cayó reventado del otro lado. Mientras se arrastraba hasta el lugar donde le pareció ver que estaba todo aquel dinero bajo tierra, pensaba en todas las cosas que podía tener con una buena suma en su posesión. Cegado con ese pensamiento comenzó a hundir las uñas en la tierra. Los parpados estirados de extremo a extremo, la adrenalina en su pecho era insoportable; sus manos se movían desesperadas anhelando dar con su gran tesoro. Cuando por fin dio con algo que se sentía más blando que la tierra, aumentó la velocidad… después de tres horas y siete pies de profundidad, se descubrió un cuerpo desgastado, y el rostro, era el suyo.

Un vivo recuerdo

Mientras se limpia el rostro, va dejando rastros de pintura en el pañuelo que había usado cantidad de veces para desaparecer de la vista de aquellos pequeños espectadores algunas de las monedas que habían caído para su beneficio unas horas antes. Aunque aquellas sonrisas, conquistadas por sus repetidos actos, le traían duros recuerdos, por otro lado le hacían sentir que valía la pena volver a ver la luz del día.

De su gracioso maletín, de su arrugado cuaderno de recuerdos, una foto con un par de alegres rostros, y en el reverso unas pocas frases; vuelve a repetir aquellas palabras como recitando una oración vespertina, regresa la foto a su lugar mientras cae la noche.

Duerme, sueña y a las pocas horas despierta. Camina varios bloques; la casa sigue ahí, igual que antes, pero él no es más que un recuerdo… El pequeño vuelve a tomar la foto, recita de nuevo las palabras en su reverso y se vuelve a dormir.

Gracia para enmendar

Experimentó muy de cerca la muerte, pero el SEÑOR de la vida le otorgó en silencio, y de pura gracia, un tiempo extendido en que, habitando aun en ese mal usado cuerpo, y a pesar de haber desperdiciado el tan preciado regalo del presente, pudiese enmendar algunas de aquellas tan necias tomadas decisiones; las más de ellas sin tener en cuenta segundas y terceras consecuencias. Le sirvió de bien vivir el nuevo día a la luz de la eternidad.

La buena ley en el corazón

Aunque busca de manera desesperada el aplauso y la aprobación de su práctica ante la mirada de los demás, nada de eso logra remover (tan solo apaciguar durante breves lapsos de tiempo) la profunda culpa que en su soledad y aun durante sus sueños le fastidia el pensamiento.

Y tú y yo somos eso

Un brazo que se cruza en la cintura
y un paso que se mueve junto al otro.
Él o ella se apoyan y son descanso,
como lo requiera el corazón:
ya sea en momentos de alegría
o en tiempos de triste melodía;
ellos son el uno para el otro
la mismísima escuela del amor.

Y tú y yo somos eso,
lo mismo que son ellos:
Amantes y amigos,
compañeros del camino, de la vida;
del recuerdo y del olvido.