Relato breve

El fascinante mundo de las bellas artes

Había un bosque a varios minutos de la “casa grande” –así solían llamarle las hermanas a la casa en que vivían. Aquel bosque había provocado su curiosidad. Durante el día se podía escuchar el canto de distintas aves: loros, tucanes, cucos, colibríes. Se podía contemplar la variedad de colores en las flores, y la variedad de tamaños y formas en los árboles.

El día de su aventura dentro de aquel fascinante bosque (donde el tiempo pareció haberse detenido) las hermanas habían estado ayudando a su madre en el cuidado del jardín. Se habían detenido a observar a un racimo de mariposas que no solían verse muy a menudo. Parecían pequeños espejos reflejando la luz del sol. En un día como aquel, soleado, cielos despejados, era imposible retirar la vista de aquellas azuladas luces parpadeantes.

Cuando la tarde comenzó a caer, y el sol a volver a su escondite, se podía escuchar una suave melodía proveniente de aquel intrigante bosque. Era como si los mismos árboles al jugar con la brisa, produjeran sonidos como de instrumentos de viento y de cuerdas. Parecía ser una especie de llamado para aquellas mariposas; las cuales poco a poco se fueron perdiendo de la vista de las hermanas…

“Necesitamos algo de luz, ya está oscureciendo”, dijo Violeta; “espérame aquí, voy a buscar algo”, respondió Rosita. Era un pequeño quinqué, que su papá les había regalado a las hermanas, pues recién cumplían cuatro y cinco años de edad.

El deleite de ambas era investigar, aprender, y conocer qué hay detrás de cada puerta y dentro de cada envoltura de papel de chocolate. Por eso su papá les hizo tal regalo: “pues la luz” –decía él– “te permite conocer y descubrir, pero solo a los que así lo desean. Es necesario un genuino deseo de conocer y aprender, y la vida te mostrará sus secretos”.

Ese atardecer ellas no lo pensaron dos veces, tomaron su pequeña luz, y armadas de un inocente, pero intrépido valor, siguieron por el mismo camino que vieron irse a las mariposas.

Mientras más las pequeñas se adentraban al bosque, más densa era la oscuridad. La luz que llevaban apenas les permitía ver lo que había delante de sus pies. No parecía haber señales de vida, aunque todavía sé podía oír aquella suave melodía. Desde dentro del bosque la perspectiva era totalmente diferente, cualquier persona con miedo a lo desconocido hubiese retrocedido.

Mientras andaban casi arrastrando los pies y despacio, tropezaron con las raíces de un enorme árbol que sobrepasaba en altura y en anchura a los demás árboles del bosque. Caminaron por encima de las raíces hasta llegar al tronco del árbol; era desde adentro de ese gran árbol que provenía la melodía. El enorme tronco tenía una pequeña abertura por la cual intentaron mirar. Al no poder alumbrar desde afuera, Rosita metió la mano con la que sujetaba el quinqué, pero al escucharse un parlotear en las ramas, del susto, se le resbaló de las manos. La pequeña llama de fuego se esparció por dentro del árbol, y se encendió como en un montón de madera seca. De manera fascinante, el árbol absorbió el fuego y al instante lo esparció por las raíces. Pero ya no era fuego, sino una luz blanca y resplandeciente que se movía a través de todo el bosque (pues las raíces de aquel árbol recorren todo el bosque).

Aquel bosque antes ocupado por densas tinieblas, ahora estaba totalmente iluminado. Sé acordaron de las palabras dichas por su papá acerca de la luz, y del deseo que debían llevar siempre con ellas de aprender, por el cual serían capaces de descubrir nuevos mundos.

Siguieron por aquel camino saltando, danzando y cantando, mientras se preguntaban asombradas y estremecidas por la emoción, quién cuidaba de aquel gigantesco jardín.

¿Hacia donde conducía aquel camino?

Aquel camino era poesía, cántico de alegría;
Lejos estaba la melancolía.
Aquella dulce melodía que se oía,
y la vista colorida, como el amanecer de un nuevo día.

Vieron a lo lejos, después de un puente que cruzaba sobre aquel río calmado y cristalino, lo que parecía ser un enorme castillo. Allí moraba la creatividad, con todo tipo de expresión artística: la literatura en toda su expresión, la pintura, la música, la escultura, la arquitectura, la danza… Las hermanas, sin intención de que así fuese, habían descubierto el fascinante mundo de las bellas artes.

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2 comentarios en “El fascinante mundo de las bellas artes

    1. Saludos Beatriz, muchas gracias. Son muy inspiradoras y emocionantes tus palabras.
      En cuanto a tu pregunta (la cual hasta hoy no había pensado contestar), creo que soy un natural, como dices.
      Es como algo que siempre ha estado ahí, lo descubres, y comienzas a darle algo de forma: viviendo, aprendiendo de otros, practicando; (algo así en poquitas palabras 🙂 )
      Lo que pienso que es importante, es que disfruto mucho haciendolo… ya pasaré por tu blog 😉

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