Relato breve

el lápiz

Utensilio para escribir, dibujar o pintar que consiste en una barra delgada y larga generalmente de madera, con una mina cilíndrica fina de grafito u otra sustancia mineral en el interior que sobresale por uno de los extremos de esta barra cuando está afilado.

La primera cosa que me resulta justa es que se puede usar con toda soltura y osadía al escribir o dibujar, pues dispones de un borrador al otro extremo (al alcance de un simple juego de dedos). No tienes la necesidad de tachar palabra alguna (a menos que tengas por costumbre dejar visible la transformación del texto). Puedes hacer que desaparezca lo escrito sin dejar demasiada evidencia; eso si has cometido algún error (gramatical o de desvarío) o has descubierto una palabra más apropiada (con más feeling).

Cuando un lápiz todavía reserva su apariencia de fábrica o está ligeramente usado, es lo suficientemente largo y adecuado para sujetarlo utilizando la parte extrema de al menos tres dedos (preferiblemente el pulgar, el índice y el corazón) y permitir que se recueste (o que descanse) sobre el huequito entre el dedo pulgar y el índice; esto último, para un mejor pulso, estabilidad y una buena velocidad rítmica.

Por otro lado, si no lo estás usando no hay inconveniente alguno en guardarlo y que aun así permanezca al alcance; para esto puedes colocarlo detrás de la oreja. Aunque resulta un poco incómodo al principio, con el pasar del tiempo te acostumbras. Y si alguien te pregunta porqué llevas un lápiz de madera encaramado en la oreja, dile que eres escritor; pero si acaso no quieres que te acusen de ocioso, le puedes decir que eres arquitecto o diseñador de nuevos mundos; cosas como esas.

También puedes usarlo para trazar una línea debajo de las frases o versos que te parezcan interesantes mientras estás leyendo; o puedes ir dibujando estrellitas, corazoncitos, figuras geométricas, etc. mientras escuchas alguna charla aburrida o mientras esperas que “servicio al cliente” te preste el servicio que es debido al cliente.

Existe un aparatito (el cual no me sobra el tiempo para describir detalladamente) que contiene una especie de cuchilla sujetada con un tornillito a un pedazo de plástico o aluminio. Si introduces el lápiz por el orificio y lo giras dentro ejerciendo un poco de presión, la necesaria para que la madera vaya abriendo paso y despegándose por pequeños pedazitos que mantienen una linda forma circular; y mientras continúas girando el lápiz en el aparatito ese (que le han dado un nombre demasiado de lógico o puede que resulte hasta cómico: “sacapuntas”) va a ir dando una renovada forma a la punta del lápiz (como si reapareciera) y una forma de letra fina a la escritura, o a los dibujitos que estés haciendo. Después de haber imitado varios símbolos, la punta vuelve a tomar una forma gruesa; no debe preocuparte tal reacción. La ventaja es que si acaso no cuentas con un sacapuntas, puedes frotar la punta del lápiz en cualquier superficie sólida… Y mientras sigas escribiendo y de cuando en vez afilando el grafito, la vida continuará como si todo estuviera de lo más bien.

2 comentarios en “el lápiz

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