El viejo y el nuevo hombre

Una intensa lucha (cuerpo a cuerpo)
de deseos que se contradicen, que se aborrecen
que se repelen; que no conviven,
nunca,
en dulce paz.

El uno es contrario, agresivamente, al otro;
aunque en ocasiones parece que se asimilan
así sea nada más que un poco;
pero en la raíz de los motivos
claramente se distinguen.

A la luz de Dios y su Palabra
todo queda al descubierto,
y el hallazgo es tan claro como el día.

Cuando el viejo hombre pide a gritos su alimento:

el deseo desordenado de los ojos,
y el vano orgullo que busca ser exaltado;

el nuevo hombre busca en Cristo ser hallado
y de Su Espíritu ser frotado como ungüento.

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