La desdicha de un escritor

Llevo varios meses desayunando huevos revueltos. El colesterol lo tengo por las nubes, y los deseos de ganar en alguno de esos concursos literarios me han causado un espantoso insomnio.

Sueño, casi despierto, con que escribo cualquier cosa, cualquier estupidez arbitraria, y los pollitos (unos cinco o seis tiernos pollitos) me hacen “pío-pío” encima del papel; taladrando, en busca de yo no sé qué, encima de la mancha de mi grafito. Y no solo me fastidian duramente con su constante “pío-pío” (cosa que no me deja concentrarme), sino que dejan sus pequeños desperdicios a través de todo mi escritorio.

Llevo tres días sin poder dormir. Te escribo para que te enteres de mi estado crítico de salud, y para saber si me puedes ayudar. No sé si debas ayudarme con el asunto del colesterol, con lo del insomnio, con los pollitos; o tal vez con los gastos fúnebres.

Con este relato participé en el “PRIMER CONCURSO PARA MALOS ESCRITORES” (un microrrelato de 150 palabras). Del sitio web: Leer en la nube

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