Mi lucha con “editor estricto”

-Escritor libre y editor estricto-

Querido diario, hoy es 21 de agosto; esta vez escribo un poco tarde en la noche (son las 9:07 pm). Durante el día estuve (en cuanto a escritura) escribiendo otras cosas. Detuve la lectura (estoy releyendo Rayuela), con todo propósito, para mirar las personas que estaban a mi alrededor a la hora del almuerzo (o en palabras más precisas, la media hora de almuerzo; porque en Estados Unidos, a diferencia de en Puerto Rico, el tiempo de almuerzo es media hora. Y yo, personalmente, me tomo 15 minutos para leer y comer, y los otros 15 minutos para leer). Me detuve a mirarlas para ver si me daban algún argumento para hacer algunos apuntes. Después te cuento de algunas cosas que puse por escrito al ver aquellas personas hipnotizadas, y tan distantes los unos de los otros, aunque a la vez tan cerca (aunque eso no es nada nuevo; vivimos en la época donde los no-lugares están sobre poblados).

En esta entrada te quiero hablar de un asunto de mucha importancia. Y es que me la paso peleando con un tipo que siempre se aparece cuando no lo invito y me interrumpe el tiempo de escritura creativa. El asunto es que lo necesito, pero no en el primer estado de mi tiempo de escritura. Al tipo ese le podemos llamar “el editor y crítico” de carácter serio y demasiado estricto (si me dejo llevar por él nunca me deshago de ningún escrito al hacerlo público). El problema es que se asoma cuando no le corresponde. En ocasiones, apenas escribo una oración, en el mismo instante me hace buscar otra manera de expresar esa idea. Si no soy consciente de que está estorbando la libertad de mi escritor libre (y muchas veces disparatado y con tendencia al desvarío) no me deja pasar de las primeras oraciones.

Qué te digo, esa fue una de las razones por las que comencé a escribirte. Así, tal vez, cuando él te lea se entere de que no lo menosprecio, lo necesito, pero en su momento adecuado; como son todas las cosas en la vida: “todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora”, así dijo el predicador en el capítulo tres del libro de Eclesiastés.

Será hasta la próxima…

Ahí te dejo con una buena pieza de Jazz. Espero que la disfrutes.

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