Microrrelato

Rubatosis*

Un hombre llama a la puerta delantera de la casa. A los pocos minutos abre una mujer joven. Se miran a los ojos por un rato sin intercambio alguno de palabras. Un niño se apresura a pasar por el lado de la mujer y se aferra a la pierna del hombre.

―Disculpe ―dijo ella―, usted es idéntico a su padre; falleció hace poco. Sigue leyendo

Microrrelato

Los conejitos y mi huerto

Es una extraña sensación la que me produce ver a los conejitos en mi huerto. Una profunda confusión entre seguridad, y una vieja y ahogada culpa: una ligera presión desde la garganta hasta mis vísceras; porque fui yo quien falló en no darse cuenta a tiempo. Sigue leyendo

Microrrelato

De la misma esencia

Mientras el alfarero del pueblo estaba trabajando en las vasijas para la fiesta de la pascua que se aproximaba, un jovencito se acercó al taller y le preguntó qué cosa había usado para formar vasijas tan hermosas. Sigue leyendo

Microrrelato

No abandones tu cabaña

Desde la ventana, aquella mujer, la cual su marido desde su habitación contemplaba, en tanto ella observaba la manera en que aquel chico sentado en la acera veía a la gente que corría por la carretera, mientras miraban espantados hacia arriba, hacia la montaña; donde parecía que eran consumidas por el fuego sus cabañas. Sigue leyendo

Microrrelato

Redención

Ocurrió que en un pequeño pueblo infestado de esclavitud, un hombre que según se cree, no era solamente hombre sino también Dios; quien habiendo visto la condición en que vivía aquella gente, no envió mensajero sino que él mismo se allegó a ellos. Sigue leyendo

Microrrelato

El maderero

Al cabo de varios años la tierra volvió a ser poblada por lejanos peregrinos. Ninguno de los cuales podía pasar por alto al hombre que ya estaba en aquella tierra cuando ellos llegaron. Todos los días salía temprano al bosque con su hacha, algunas tiras de soga y una cantimplora. <<¿Para qué querrá tanta madera?>>, se preguntaban. Le llamaron “El madererito”, no porque fuese un hombre de baja estatura, sino que hacían burla de su vana ocupación.

Aconteció que una noche, después de haber disfrutado de un día bastante soleado, irrumpió sobre ellos una terrible tormenta de nieve. Al enterarse de que no tenían con que proteger a sus familias del frío, uno de los jefes de familia se arrastró como pudo hasta la cabaña del maderero.

―¡Oiga, maderero! ―llamó el hombre varias veces.

Cuando por fin abre la puerta le hace señas para que entre; pues la tormenta no ha cesado.

―Póngale precio a su madera… ―dijo el hombre―. Por un tiempo nos pareció inútil e improductiva la tarea que lo hemos visto dedicarse cada día, pero mira lo que ha acontecido, y no tenemos leña; nuestros niños no podrán resistir mucho.

El maderero le pidió que le acompañase a su taller. De camino le comentaba, con una voz muy calmada, que su propósito con lo que hacía no era enriquecerse, que ni siquiera buscaba estar preparado para calentar su cuerpo durante aquella inesperada tormenta; que hacía lo que hacía para mantener caliente y viva su alma. Al llegar al taller le mostró todas sus obras talladas en grandes y pequeños pedazos de madera.

Microrrelato

A duelo con la gotera

Bendita la santa gotera en la cocina, que revienta el tan celestial silencio con la fuerza de velocidad que el espacio entre el caño y el aluminio le permite. Produce un sonido tan hondo y tan constante que por más que trato de olvidarlo se me interpone, cual intruso, entre el pensamiento, la escritura o la lectura; tanto así, que me vuelvo todo a ella hasta odiarla y querer arrancarla para siempre. Sigue leyendo