Redención

Ocurrió que en un pequeño pueblo infestado de esclavitud, un hombre que según se cree, no era solamente hombre sino también Dios; quien habiendo visto la condición en que vivía aquella gente, no envió mensajero sino que él mismo se allegó a ellos. Sigue leyendo “Redención”

El maderero

Al cabo de varios años la tierra volvió a ser poblada por lejanos peregrinos. Ninguno de los cuales podía pasar por alto al hombre que ya estaba en aquella tierra cuando ellos llegaron. Todos los días salía temprano al bosque con su hacha, algunas tiras de soga y una cantimplora. <<¿Para qué querrá tanta madera?>>, se preguntaban. Le llamaron “El madererito”, no porque fuese un hombre de baja estatura, sino que hacían burla de su vana ocupación.

Aconteció que una noche, después de haber disfrutado de un día bastante soleado, irrumpió sobre ellos una terrible tormenta de nieve. Al enterarse de que no tenían con que proteger a sus familias del frío, uno de los jefes de familia se arrastró como pudo hasta la cabaña del maderero.

―¡Oiga, maderero! ―llamó el hombre varias veces.

Cuando por fin abre la puerta le hace señas para que entre; pues la tormenta no ha cesado.

―Póngale precio a su madera… ―dijo el hombre―. Por un tiempo nos pareció inútil e improductiva la tarea que lo hemos visto dedicarse cada día, pero mira lo que ha acontecido, y no tenemos leña; nuestros niños no podrán resistir mucho.

El maderero le pidió que le acompañase a su taller. De camino le comentaba, con una voz muy calmada, que su propósito con lo que hacía no era enriquecerse, que ni siquiera buscaba estar preparado para calentar su cuerpo durante aquella inesperada tormenta; que hacía lo que hacía para mantener caliente y viva su alma. Al llegar al taller le mostró todas sus obras talladas en grandes y pequeños pedazos de madera.

A duelo con la gotera

Bendita la santa gotera en la cocina, que revienta el tan celestial silencio con la fuerza de velocidad que el espacio entre el caño y el aluminio le permite. Produce un sonido tan hondo y tan constante que por más que trato de olvidarlo se me interpone, cual intruso, entre el pensamiento, la escritura o la lectura; tanto así, que me vuelvo todo a ella hasta odiarla y querer arrancarla para siempre. Sigue leyendo “A duelo con la gotera”

Coraje

En el mismo instante en que dominado por el miedo cedió al intento de seguir luchando, una distinta corriente de viento se alzó bajo sus alas y lo hizo remontar sobre alturas desconocidas a su capacidad de vuelo. Estuvo a punto de ser golpeado contra el mismo peñasco en que luego se detuvo a reposar y a renovar su plumaje. Después de haberse elevado por encima de aquel temible temporal, no perdió el miedo al mal tiempo, sino que se valió del coraje; practicó la valentía para continuar el vuelo.

gananci_frases_6

 

Descuido

Fui atraído por su aroma en tiempos donde ese tipo de olor escaseaba. Emprendí una búsqueda hasta encontrarla; me esforcé lo suficiente hasta alcanzarla y tenerla. Una vez en mi posesión, ya no necesitaba hacer más –pensaba yo. Pero la perdí de vista, la descuidé. Me creí haber ganado y bajé la guardia. En mi descuido, entró otro, y yo no estaba apercibido. No era necesariamente más fuerte que yo, o más inteligente; entró y se apropió de lo que pensaba que ya era mío.