Tan cerca y tan lejos

Mientras intentaba dar con la localización de aquella galaxia, el aroma del café recién hecho le desvió el pensamiento y la ruta del telescopio. Una mujer en un balcón, le pareció tan hermosa, como ninguna otra que haya conocido. Sin pensar en cómo llegó a dar con esa dirección volvió a buscar la galaxia y terminó con el reporte.

Después de cruzar aquel solitario camino, apagó la linterna al llegar a la casa y dijo:
一Mi amor, reconozco que he estado distanciado de ti, hoy te volví a sentir tan cerca; nada pasa por pasar.

(Para el reto de diciembre de: Escribir jugando en El blog de Lídia)

https://lidiacastronavas.wordpress.com/2018/12/01/escribir-jugando-diciembre

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Recuerdos de un roble

Fueron muchos los días de verano que te abrigaste bajo mi sombra. Yo extendía mis brazos un poco más allá de lo que podía, sentía un ligero dolor, pero lo hacía para que el reposo de mi sombra hiciera que te quedaras un rato más. Los pajaritos nos hacían compañía, y tú te ponías tan contenta; tu sonrisa, tus carcajadas; tarareabas y cantabas en un sin fin. Por momentos engañabas el paso del tiempo sobre mí: llegué a pensar que tales episodios se repetirían para siempre.

Desde entonces he llorado incontables otoños, he despertado cada primavera con nuevos brotes de amor para tu encanto y tu abrigo durante los calurosos días de verano. Por mucho tiempo no dejé de expandirme hasta donde me fuese posible, para ver si así me notabas, pensando que tal vez te habías extraviado del camino.

La voz que no calla

Como final intento de deshacerse de toda evidencia, intentó deshacerse de su propio cuerpo buscando enmudecer su conciencia.

El Narrador

Después de haber entrado (dominado por cierta atracción), razoné que debí quedarme afuera. Para cuando tomé la decisión ya se había confundido mi orientación entre los opuestos. En ese instante me topé con la nada, o con el todo, no lo sé. Comencé a sentir que formaba parte de aquella aún reducida expansión; la cual aunque parecía limitada en espacio (pues estaba como ceñida a mi cuerpo), ocurría que con cada sonido que emitían mis cuerdas vocales, se expandía creando el lugar necesario para mis palabras; las que dejaban de ser mías en tanto abandonaban mi cuerpo, y pasaban a ser historias en las vidas de sus recipientes.

La muerte última

Adornada estuvo la noche con sombras y tiesos árboles sin brisa. Oscura como pelusa de gato negro; de esos que salen en brotes durante el día de todos los santos.

Entre cantidades exuberantes de dulces y espeluznantes fiestas, abría de par en par sus fauces la tierra y se alimentaba de las vivas almas que recordaban intensamente a sus muertos, acabando con las memorias de todos a su vez. Ya no habría uno vivo para que recordase a su muerto. Ya no habría vivos, ya no habría muertos.

(para el reto de noviembre de: Escribir jugando en El blog de Lidia )
https://wordpress.com/read/blogs/140601459/posts/5951