Somos un brevísimo instante

¿Y si todo durase lo que el aire en los pulmones?
Y si el tiempo deja de ser esa cosa incómoda,
flotante,
indescriptible,
que hace pesada la memoria;
y que provoca una ansiedad mentirosa y vana
de un mañana ilusorio,
y empapado de miedos
por un falso pronóstico de lluvia.

Entonces dejaríamos de ser,
o de seguir siendo (porque no somos seres inmutables),
porque nunca estamos completos en nosotros mismos.

Porque vamos siendo resultado.

Somos eso en que nos vamos convirtiendo,
que se encuentra siempre en movimiento
(como los caracoles, como el viento,
como la marea del mar que no conoce descanso);
entre lo que conocemos y lo que ignoramos,
entre lo que recordamos y lo que añoramos.

Vamos siendo ese espacio instantáneo,
impreciso,
entre lo que fue y lo que puede ser.

No somos ni ayer ni somos mañana,
pero somos eso que queda entre medio.
Este preciso instante,
este segundo, eso somos;
un brevísimo instante entre dos tiempos
in-habitables,
in-tocables,
in-editables.



Otro intento de renovación

Toda la casa estaba llena de materiales para la renovación. Lo que en un principio parecía un Edén con necesidad de algunos toques de decoración, se había convertido en un campo de batalla después de algunos bombardeos.

―¡No necesito llenar tus expectativas! Sabía que lo nuestro no iba a funcionar ―dijo ella.

―Sí, sí… Siempre lo sabes todo. ¡Eres genial! Eres la perfecta mujer que todo hombre desea observar desde lejos ―dijo él, mientras comenzaba a derribar la pared de la cocina con un mazo de hierro. Sigue leyendo “Otro intento de renovación”