La hilera de un sueño

Florecitas plantadas en un verde tiesto,
como el musgo, que crece,
por la humedad de la constante lluvia
y la lenta soledad del tiempo.

Como el caracol, que se arrastra sin prisa,
y no es que carezca de impaciencia,
pues está condenado a echarse el tiempo
sobre su concha.

El día declina
como hombre que se agacha
y se acomoda sobre su lecho,
aunque no de muerte aún,
sino de un cansancio
que el tiempo le arrebata.

Como ladrón oscurecido en la sombra,
que con garras de bestia
violenta el espacio
que un otro pensó muy suyo.
¿Por cuánto tiempo?

Lo nuestro fue…

Lo nuestro fue
como ese globo al que se le escapa el aire
por un huequito,
y le pones el dedo
para evitar que se desinfle…
Me cansé de mantener mi todo ahí
presionando en vano
lo que con demasiada evidencia
se iba desvaneciendo.