Poesía

Eres mi mujer y eres hermosa

Eres mi mujer y eres hermosa;
la belleza de tu espíritu
que ilumina tu rostro;
el encanto de tu sencillez.
Frágil ante mis ojos,
el deber mío es tu cuidado:
con delicadeza de palabras
y con ternura de mis manos.
De una de mis costillas
tan cerca de mi corazón,
suspiro constante de mi alma.
La dama de mi compañía
y la conocedora de mi vulnerabilidad.

Microrrelato

La belleza que perdura

Los dos la miran, y uno dice:

“Que hermosos ojos tiene.”

El otro le responde:

“No son sus ojos, es su mirada; esa seguridad en su mirada, ¿no te das cuenta?

No son sus labios, es la sinceridad en su sonrisa.

No son sus manos, es la ternura en sus caricias; es su capacidad de embellecer las cosas.

Es la modestia en su forma de ser, el recato en su apariencia; su sencillez.

Es la dulzura en sus palabras.

Es la manera en que ella maneja lo que tiene.”