La llave de tu corazón

Me diste la llave de un corazón,
pero este corazón está maltrecho.
¿Estás segura? ¿Es este tu corazón?

Pensé que bromeabas.

Tu sonrisa es perfecta;
tu mirada alegre
y todo lo que tocas parece embellecer.

¿Quién fue capaz...?, pienso;
pero mejor hago silencio.
¿No he hecho yo pedazos algún otro corazón?

No me des tu corazón, no sé qué hacer.
Sé que no esperas que lo restaure,
te escuché decirlo. Pero...

¡Hombres de manos torpes, insensibles!, pensé;
pero mejor hago silencio.
¿No he sido torpe yo con algún otro corazón?

¡Pero qué breve es la vida!

¡Pero qué breve es la vida!
Se descompone el cuerpo
como alimento que expira.
¡Ay de aquel que no se renueva
en su corazón
volviendo a ser tierno como un niño!
Se le escapa la calidez de un abrazo,
la libertad del perdón,
el goce de ser agradecido;
la alegría de tararear melodías
aunque parezca no tener sentido.

Entre mil y un abrazos

Hay abrazos que ahogan el frío,
abrazos que apapachan.

Hay abrazos que protegen del mal,
que brindan seguridad;
de brazos fuertes y tiernos
que dicen: «aquí estoy».

Hay abrazos llenos de luz,
que disipan las densas tinieblas
que acompañan durante el valle
de sombra y de muerte.

Hay abrazos que imparten vida
y abrazos que curan las heridas. Sigue leyendo «Entre mil y un abrazos»

Descubriste al hombre interior

Fui siempre puro razonamiento,

un catálogo de complicados procesos mentales.

Entraste tan sublime y provocaste

una onda de reacciones

que se abrieron paso en mí

hasta descubrir

a ese hombre sensible, emotivo y vulnerable.

 

¿Qué es el amor?

El amor ¿Qué es el amor?

Se me escapa de las manos.

Definir tal personaje no me cabe;

ni en el pecho, ni en el alma.