Hacer poesía, mi queridísima (2)

Hacer poesía, mi queridísima,

es soñar que has despertado

y que de pronto te has dado cuenta

que la vida es harto más hermosa

de lo que jamás habías soñado.

Aquella única flor

Había una única flor en aquel desolado jardín: única por su soledad y también por su belleza. Aquella flor se mantenía siempre erguida y refulgente delante de los ruidosos rayos del sol. Cada estación del año había tratado de ejercer dominio sobre ella, intentando afectar su hermosa apariencia, sin ningún resultado. Sigue leyendo “Aquella única flor”

Cuando volví a escuchar su voz

Cuando desperté, había vuelto a atravesar el valle que separa a los vivos de los muertos. Ya no estaba enferma la casa de mi morada. No sé cuanto tiempo estuve en el lugar de los muertos, lo que si sé, es que reconocí al instante el sonido de aquella voz llamando por mi nombre.

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