pero solo tú eres tú

“(…) siempre habrá mejores escritores que tú y siempre habrá escritores más listos que tú. Siempre habrá personas a las que se les dé mejor esto o lo otro, pero solo tú eres tú”.

Neil Gaiman

Mientras más me adentro en las cuestiones del oficio de escribir -viéndolo desde la perspectiva, no solamente de una afición, sino de un oficio (esas cuestiones serias que hacen que un texto sea literatura y no solamente un conjunto de palabras)- me doy cuenta de que hay mucho que aprender; tanto para ser más efectivo en la creación, como en el proceso de editar: la forma, el estilo, etc. Y esto lo aprendemos de muchos otros: algunos que han pasado a la historia y aquellos que tienen suficiente experiencia para guiar a otros en ciertas cuestiones importantes. Son muchas las piezas que se siguen añadiendo a la caja de herramientas.

Una de las cosas que he tenido presente es que mi búsqueda no es ser como Borges, Cortázar o Stephen King, etc. -aunque debemos aprender de sus escritos-, mi tarea es ocuparme en descubrir (al escribir mucho, pero mucho. Y como hice hace unos días en despedida: un “terrible” texto sin comas y sin puntos, que intenta reflejar la fluidez del pensamiento para no dar mucho lugar a la reflexión o corrección… y lo hice público para el que quiera intentar leerlo.) y desarrollar mi estilo (esa manera de escribir que distingue a uno de manera inevitable). Hay una combinación de cosas en la vida que nos han hecho ser quienes somos, y eso hace que seamos diferentes en una cosa o en la otra.

Más allá o más acá, mientras sigo escribiendo y desarrollando ciertas técnicas que hacen que la ficción y la poesía que escribo sea eso y no otra cosa, voy encontrando una salida adecuada para mis escritos y acomodándolos a algo que se parezca cada vez más a la literatura.

Leyendo y escuchando literatura

El que escribe sabe que debe leer mucho (y leer de todo); hoy tenemos la ventaja de que podemos escuchar cuentos narrados (o cualquier tipo de audio libro) mientras estamos haciendo otras cosas (momentos en que lamentablemente no podemos estar tranquilos y rebosando del sano y delicioso ocio que es la lectura).

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Individualmente juntos

-Mientras observo la periferia-

Hola, hoy es 22 de agosto (fecha en que comencé a escribir esta entrada). Quiero contarte algo que me pasó durante mi (media) hora de almuerzo. Estoy releyendo Rayuela (esta vez la segunda posibilidad), estoy absorto en el capítulo 23. Me detengo a darme un trago de agua (de esas que tienen soda y un toque de limón), miro a mi alrededor y me pregunto “¿Qué si escribo algunas cosas acerca de las personas que veo?” Si lees el principio del capítulo 23 sabrás por qué pienso escribir estas cosas. (En ocasiones surgen ideas durante el tiempo de lectura. Soy un aficionado en esto de la escritura, pero siempre ando escribiendo un poco aquí y allá).

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