Poesía

Te extrañé tanto

Y qué me dices de esas veces
en que llegas y que luego te vas,
y siento ese terrible vacío;
y me quedo extrañándote…

Y llega la noche y está todo oscuro.
Y tú no llegas y yo no duermo;
me desvelo esperándote.

Y a las pocas horas despierto
y me doy cuenta de que no estuviste;
de que te extrañé tanto
que te sentí tan cerca y tan real
como nunca estuviste o fuiste…

Pero dormí algo,
al menos pude dormir un poco.

Poesía

El silencio de tu voz

Sufro en vano el silencio de tu voz bajo la lluvia.
El reloj de pared estremece la casa
con tu recuerdo a cada minuto.
Se me escapa la poca luna que me queda,
se oculta tras mi sonrisa triste
que se duele por la alegría de los días pasados,
de los días contigo;
de esos días callados
con lluvia
pero a tu lado.

Cada gota revive un recuerdo
al caer sobre la hierba seca,
sobre las inútiles sombrillas de la terraza,
sobre las sillas vacías
ya por muchos días…

Entre el espacio de cada minuto
escucho ahogarse el suspiro de la brisa
que se cuela por la ventana.
Los pasos de algunos peatones
y el esparcir de los charcos
entre el viento que producen los autos.
Pero tu voz… ¿Dónde?
Me fastidia tu silencio.

Poesía

Porque sé que aún estás

Si te veo de lejos o te veo de cerca
no importa,
me hace bien el simple hecho de verte.
Porque sé que estás ahí,
que aún existes; Sigue leyendo

Poesía

Los residuos de ti

Me dejas, para mi mal,
con el eco de tu adiós
y con el rastro de tu perfume
que entra sin aviso
con el viento de la tarde.
Olvidaste llevarte tus pisadas de la terraza
y tus tazas con florecitas de la alacena. Sigue leyendo

Poesía

Aunque sólo sea un sueño

A veces regreso
a mi tierra,
a veces.

Camino por el pueblo
y veo a los niños alegres.
Veo a las flores
coloreando los jardines.
Y el coquí,
lo escucho cantar;
y siento que estoy…

Siento el calor
de la brisa
y del amor de mi tierra.
Siento el café de mi vieja
entre renovadas pláticas.
Y siento que estoy…
Aunque sólo sea un sueño.

Microrrelato

Recuerdos de un roble

Fueron muchos los días de verano que te abrigaste bajo mi sombra. Yo extendía mis brazos un poco más allá de lo que podía, sentía un ligero dolor, pero lo hacía para que el reposo de mi sombra hiciera que te quedaras un rato más. Los pajaritos nos hacían compañía, y tú te ponías tan contenta; tu sonrisa, tus carcajadas; tarareabas y cantabas en un sin fin. Por momentos engañabas el paso del tiempo sobre mí: llegué a pensar que tales episodios se repetirían para siempre.

Desde entonces he llorado incontables otoños, he despertado cada primavera con nuevos brotes de amor para tu encanto y tu abrigo durante los calurosos días de verano. Por mucho tiempo no dejé de expandirme hasta donde me fuese posible, para ver si así me notabas, pensando que tal vez te habías extraviado del camino.