La hilera de un sueño

Florecitas plantadas en un verde tiesto,
como el musgo, que crece,
por la humedad de la constante lluvia
y la lenta soledad del tiempo.

Como el caracol, que se arrastra sin prisa,
y no es que carezca de impaciencia,
pues está condenado a echarse el tiempo
sobre su concha.

El día declina
como hombre que se agacha
y se acomoda sobre su lecho,
aunque no de muerte aún,
sino de un cansancio
que el tiempo le arrebata.

Como ladrón oscurecido en la sombra,
que con garras de bestia
violenta el espacio
que un otro pensó muy suyo.
¿Por cuánto tiempo?

Crecida

Él era todo calma antes de aquella lluvia repentina;
un callado manantial.
Manso, una bestia en estado de reposo.

Ahora lo ves dominado por el enojo,
lleno de tanta fuerza y furia;
capaz de llevar consigo
todo cuanto cruce su camino.

Lo puedes escuchar rugir cual león.
Amenazando a todo ser
que intente traspasar sus revolcadas aguas,
ya oscurecidas por el agresivo recorrer
de su viejo camino
marcado con huellas extrañas.

¿Quién se atreve a invadir su territorio
mientras lo alimenta el gigante de la montaña?
Su torrente impetuoso, ¿quién lo mira sin sentir espanto?

Lluvia que no regresa

El mar es tiempo 
evaporado 
de una lluvia que vuelve a caer.

La lluvia es mar 
evaporado 
de un ciclo que se repite.

El río trae hasta el mar 
el agua blanca de la lluvia
que de las mismas nubes altas
la montaña recibe.

Aunque el agua que del río se derrama
en el amplio mar salado,
es la mismísima agua 
que siendo dulce se desboca
en el mar que abre sus fauces;

no así el tiempo
que ya no es tiempo sino pasado;
porque pasa y no regresa 
como la lluvia,
que al caer desde el río en el mar salado
se evapora y vuelve a ser 
aquella lluvia.


Instantes perfectos

Sentado en las afueras de un restaurant
bajo la tenue luz de una sombrilla.
La fuerza de la luna causa un doble efecto:
de un calmado brillo y de un espejo
sobre los charcos de un reciente aguacero.
Frases entrecortadas de lenguajes a su alrededor,
pero no escucha, sino un lejano instrumento de viento.
El instante es perfecto.

Bailemos

Muévete conmigo
así, de lado a lado
como si fuese un vals.
Que la vida es
como un aguacero
de esos
que pasan ligero.

Bailemos bajo la vida
y bajo la lluvia.
Trasládate conmigo
y junto a mí.
En tanto la vida
es vida;
y tú, querida
vida mía
mi lluvia y mi jardín.