Te extrañé tanto

Y qué me dices de esas veces
en que llegas y que luego te vas,
y siento ese terrible vacío;
y me quedo extrañándote…

Y llega la noche y está todo oscuro.
Y tú no llegas y yo no duermo;
me desvelo esperándote.

Y a las pocas horas despierto
y me doy cuenta de que no estuviste;
de que te extrañé tanto
que te sentí tan cerca y tan real
como nunca estuviste o fuiste…

Pero dormí algo,
al menos pude dormir un poco.

Porque sé que aún estás

Si te veo de lejos o te veo de cerca
no importa,
me hace bien el simple hecho de verte.
Porque sé que estás ahí,
que aún existes; Sigue leyendo “Porque sé que aún estás”

Mi cobardía

Una vez la vi
y fue como verla mil veces,
quedó grabada en mi memoria.
La vi de cerca y silenciosa
y yo callado, como siempre.
Sigue leyendo “Mi cobardía”

“Me automedico: Escribo”

Como la callada sombra y el silencio
que no desean ser descubiertos;
y se inclinan a rehusar ser
más de lo que hasta hoy han sido.

Pero he hallado
en medio de mi oscuridad
una forma casi santa
de asomarme a la vida,
y desatar con toda liberalidad
mis salvajes sentimientos;
de pregonar en soledad
la intrepidez que se me escapa entre la gente.

La desnudez del poeta

La poesía es doblemente bella:
por un lado
está la franca belleza
de la desnudez del poeta;
por el otro,
está la manera
en que el lector percibe esa desnudez
y no le queda más remedio
que sentirse desnudo también.
Desnudo ante la vida, ante el espejo.