La hilera de un sueño

Florecitas plantadas en un verde tiesto,
como el musgo, que crece,
por la humedad de la constante lluvia
y la lenta soledad del tiempo.

Como el caracol, que se arrastra sin prisa,
y no es que carezca de impaciencia,
pues está condenado a echarse el tiempo
sobre su concha.

El día declina
como hombre que se agacha
y se acomoda sobre su lecho,
aunque no de muerte aún,
sino de un cansancio
que el tiempo le arrebata.

Como ladrón oscurecido en la sombra,
que con garras de bestia
violenta el espacio
que un otro pensó muy suyo.
¿Por cuánto tiempo?

Un Negocio Redondo

Estando sentado en el lugar de los desechos, me di cuenta, mientras pensaba casi inconscientemente, que por mucho tiempo nos han mantenido siendo víctimas de un negocio redondo.

Voy a comenzar con una declaración muy simple: hay que comer para vivir (aunque muchos vivan para comer). El cuerpo necesita energía y necesita vitaminas (y algo de placer, o mucho; eso depende de qué planeta seas). Y no voy a hablar de las “vitaminas” (no acabaríamos), nunca se sabe con certeza qué tipo de ficción es la que nos intentan vender. Sigue leyendo “Un Negocio Redondo”

El extraño deseo del “presente”

El presente se vio amenazado con el extraño deseo de no estar; queriendo evocar o tal vez ser trasladado a algún otro tiempo, si fuese posible, a un espacio producto de la imaginación; de alguna especie de predicción, o de alguna posibilidad inexistente.

Y este extraño deseo surge porque él quiere ver si de esa manera puede entender a aquellas tristes criaturas que observa todo el tiempo, tan de cerca y con mucho detenimiento. Y cansado ya de mirar a esas pobres criaturas desgastadas por sus rutinas inacabables, que se agobian la vida pensando siempre en lo que pueden llegar a ser, en lo que puede pasar, o en lo tan felices que estuvieran si las cosas fueran de esta u otra manera; o simplemente detenidos en aquellos días mejores, ya olvidados en calendarios viejos, con fechas que parecen extrañas cuando se leen; cansado de esto y de otras cosas más, deseó no estar. No necesariamente por no ser tan aceptado y querido como los otros… o tal vez esa fue la razón.

Gracia para enmendar

Experimentó muy de cerca la muerte, pero el SEÑOR de la vida le otorgó en silencio, y de pura gracia, un tiempo extendido en que, habitando aun en ese mal usado cuerpo, y a pesar de haber desperdiciado el tan preciado regalo del presente, pudiese enmendar algunas de aquellas tan necias tomadas decisiones; las más de ellas sin tener en cuenta segundas y terceras consecuencias. Le sirvió de bien vivir el nuevo día a la luz de la eternidad.

Cuando el jardín florezca

Cuando el jardín florezca,
amor mío,
te llenaré de flores la vida…
Cuando surja de la tierra
el esfuerzo de mi amor por ti
y la gracia del cielo
entre la lluvia y los rayos del sol
fortalezcan nuestra unión,
esposa mía,
te llenaré de flores la vida.