Gracia para enmendar

Experimentó muy de cerca la muerte, pero el SEÑOR de la vida le otorgó en silencio, y de pura gracia, un tiempo extendido en que, habitando aun en ese mal usado cuerpo, y a pesar de haber desperdiciado el tan preciado regalo del presente, pudiese enmendar algunas de aquellas tan necias tomadas decisiones; las más de ellas sin tener en cuenta segundas y terceras consecuencias. Le sirvió de bien vivir el nuevo día a la luz de la eternidad.

Cuando el jardín florezca

Cuando el jardín florezca,
amor mío,
te llenaré de flores la vida…
Cuando surja de la tierra
el esfuerzo de mi amor por ti
y la gracia del cielo
entre la lluvia y los rayos del sol
fortalezcan nuestra unión,
esposa mía,
te llenaré de flores la vida.

¡Pero qué breve es la vida!

¡Pero qué breve es la vida!
Se descompone el cuerpo
como alimento que expira.
¡Ay de aquel que no se renueva
en su corazón
volviendo a ser tierno como un niño!
Se le escapa la calidez de un abrazo,
la libertad del perdón,
el goce de ser agradecido;
la alegría de tararear melodías
aunque parezca no tener sentido.

A veces somos

La vida es un jardín
nosotros, ¿qué más?
A veces somos espinos y cardos,
mala hierba;
a veces somos cizaña. Sigue leyendo “A veces somos”

Entre mil y un abrazos

Hay abrazos que ahogan el frío,
abrazos que apapachan.

Hay abrazos que protegen del mal,
que brindan seguridad;
de brazos fuertes y tiernos
que dicen: “aquí estoy”.

Hay abrazos llenos de luz,
que disipan las densas tinieblas
que acompañan durante el valle
de sombra y de muerte.

Hay abrazos que imparten vida
y abrazos que curan las heridas. Sigue leyendo “Entre mil y un abrazos”