Cuando el jardín florezca

Cuando el jardín florezca,
amor mío,
te llenaré de flores la vida…
Cuando surja de la tierra
el esfuerzo de mi amor por ti
y la gracia del cielo
entre la lluvia y los rayos del sol
fortalezcan nuestra unión,
esposa mía,
te llenaré de flores la vida.

¡Pero qué breve es la vida!

¡Pero qué breve es la vida!
Se descompone el cuerpo
como alimento que expira.
¡Ay de aquel que no se renueva
en su corazón
volviendo a ser tierno como un niño!
Se le escapa la calidez de un abrazo,
la libertad del perdón,
el goce de ser agradecido;
la alegría de tararear melodías
aunque parezca no tener sentido.

A veces somos

La vida es un jardín
nosotros, ¿qué más?
A veces somos espinos y cardos,
mala hierba;
a veces somos cizaña. Sigue leyendo “A veces somos”

Entre mil y un abrazos

Hay abrazos que ahogan el frío,
abrazos que apapachan.

Hay abrazos que protegen del mal,
que brindan seguridad;
de brazos fuertes y tiernos
que dicen: “aquí estoy”.

Hay abrazos llenos de luz,
que disipan las densas tinieblas
que acompañan durante el valle
de sombra y de muerte.

Hay abrazos que imparten vida
y abrazos que curan las heridas. Sigue leyendo “Entre mil y un abrazos”

Bailemos

Muévete conmigo
así, de lado a lado
como si fuese un vals.
Que la vida es
como un aguacero
de esos
que pasan ligero.

Bailemos bajo la vida
y bajo la lluvia.
Trasládate conmigo
y junto a mí.
En tanto la vida
es vida;
y tú, querida
vida mía
mi lluvia y mi jardín.